Discursos de odio disfrazados de libertad de expresión en X: flexibilización de políticas, algoritmo no neutral y su impacto en grupos vulnerables

19 junio, 2026 | Algoritmo, discurso de odio, libertad de expresión, X

Por Armín Basabe y Matías Ojeda

Las plataformas digitales son espacios de aprendizaje, de socialización, de diálogo donde se presentan diversidad de opiniones opiniones. Sin embargo, no todos los discursos que transitan en ellas son inofensivos: los discursos de odio impactan de manera desmesurada a ciertos grupos vulnerables y pueden tener consecuencias devastadoras.

En este artículo se analiza cómo la flexibilización de las políticas de moderación dio paso a la proliferación de estos discursos, si el algoritmo, ¿es genuinamente neutral?, y qué efectos tienen en las creencias y conducta de las personas usuarias. También se examina la relación entre los factores externos como el clima y la hostilidad en línea, las consecuencias en la salud mental y la convivencia ciudadana, y casos en contexto de conflicto armado. Si bien gran parte de la información proviene del Norte Global, este fenómeno es distinguible en nuestra realidad cotidiana, y ese es el punto focal de este artículo.

De Twitter a X: cambios en las políticas de moderación

Poco antes de la compra de X (Twitter) en 2022, se empezó a registrar un aumento considerable y sostenido de discursos de odio, que abarcaba desde contenido de tinte homófobo hasta racista, junto con un engagement (amplificación y recomendación de contenido de parte del algoritmo) y en la actividad en cuentas falsas y bots (Hickey et al., 2025). Luego de la compra, pese al compromiso público de Musk por reducir dichas cuentas, la tendencia no solo no disminuyó sino que se mantuvo y se intensificó (Hickey et al., 2025).

En todo esto, no hay que confundir correlación con causalidad, no se puede afirmar que este aumento en discursos de odio sea una secuela de la compra. No obstante, la flexibilización de las políticas de moderación permitió que estos prosperaran sin ningún mecanismo de control (de Keulenaar et al., 2024). Esto contrasta con las declaraciones de Linda Yaccarino, que fue la directora ejecutiva hasta su renuncia en julio de 2025, quien afirmó que gracias a su gestión X se había vuelto “una plaza pública digital para todas las voces” y agradeció a Musk “por haber confiado en ella y darle la responsabilidad de proteger el libre discurso” (ABC Color, 2025).

Entre 2015 y 2020, a medida que iba en crecimiento la cantidad de personas que se iban uniendo a X (Twitter), también hubo un crecimiento visible en el aumento de discursos de odio, por lo que, seguida de la debilitación de las políticas de moderación de contenido tras la compra de Elon Musk en 2022, lo que genera una gran preocupación porque es un espacio aún más propenso a los discursos de odio (Madhu, 2025). Ante lo presentado, no podemos evitar preguntarnos: ¿cuál es el rol del algoritmo en la propagación de los discursos de odio?

Algoritmo no neutral

En 2026 la revista Nature publicó un estudio que analizó una muestra de casi 5000 personas usuarias de X por un periodo de 7 semanas durante el año 2023 (Gauthier et al., 2026). El estudio determinó que el algoritmo de la plataforma tiende a recomendar información y cuentas con tendencia conservadora, y evidenció que al utilizarse el feed algorítmico (modo en que X selecciona y prioriza contenido según el consumo previo de cada persona, en contraposición al feed cronológico donde las publicaciones aparecen por orden de tiempo) genera ruptura en las opiniones que no regresa al desactivarlo. Esto ocurre porque la exposición al algoritmo lleva a las personas a consumir contenido de cuentas de activistas conservadoras, las cuales siguen apareciendo aún en el feed cronológico, donde el estudio no encontró ninguna tendencia comparable. Es importante subrayar que el estudio no halló efectos sobre la polarización afectiva (el sentimiento hacia el partido opuesto) ni sobre la identificación partidista (Gauthier et al., 2026).

Durante las 7 semanas, la exposición a estas ideas cambió la percepción de las personas sobre las políticas de derecha conservadora, inflación, inmigración, las investigaciones criminales sobre Donald Trump e inclusive sobre la guerra de Ucrania y Rusia. Las personas participantes del estudio mostraron mayor afinidad con las posiciones que el algoritmo recomendaba (Gauthier et al., 2026).

Por su parte, un estudio publicado en Science desarrolló un método que permite, mediante una extensión de navegador, reordenar en tiempo real el feed de las personas sin necesidad de colaboración de la plataforma, con el fin de investigar el impacto que puede llegar a tener el algoritmo en el comportamiento político de las personas. En un experimento de 10 días con más de 1200 personas durante la campaña presidencial de 2024 en Estados Unidos, los resultados revelaron que la exposición a contenido antidemocrático y la hostilidad partidista puede influir causalmente en la polarización afectiva de las personas usuarias (Piccardi et al., 2025). Este descubrimiento no contradice a Gauthier et al. (2026), cuyo estudio no encontró efectos sobre la polarización afectiva al manipular el feed general, sino que lo complementa, cuando se interviene entre el contenido antidemocrático y hostil, el efecto sí es detectable, sin embargo, estos efectos no se encontraron en otras plataformas o redes sociales.

Impacto en grupos vulnerables y salud mental

¿Qué relación hay entre la salud mental y las temperaturas extremas? The Lancet Planetary Health publicó un estudio que analizó una muestra de 4000 millones de tuits geolocalizados en 773 ciudades de Estados Unidos durante al menos 6 años (Stechemesser et al., 2022). A través de un modelo de aprendizaje automático, identificaron 75 millones de mensajes con discursos de odio y los cruzaron con los datos de temperatura diaria. Los resultados revelaron que cuando las temperaturas eran extremadamente altas (42º a 45º C) había aumentos considerables de discursos de odio, en específico un 22% más que los días de temperatura media, algo similar pasaba cuando bajaba demasiado la temperatura (-6º a -3º C), en este caso aumentaba un 12,5% más. Esto demostró que el humano tiene un límite en la adaptabilidad a los cambios extremos en el clima, o sea, que en época de temperaturas extremas los discursos de odio aumentaban indistintamente de la zona geográfica, el estrato económico y la inclinación política de las regiones analizadas (Stechemesser et al., 2022).

Por su parte, los discursos de odio sistemáticos tienen consecuencias documentadas sobre la salud mental y la cohesión social de los grupos vulnerables. Una revisión publicada por Campbell Systematic Reviews analizó diversos estudios previos para evaluar el impacto del contacto con contenido hostil y tóxico, tanto en medios digitales como en los tradicionales (Madriaza et al., 2025). Los resultados mostraron que, a nivel individual, escalaron drásticamente los casos de depresión, ansiedad y estrés postraumático, especialmente en grupos vulnerables y minoritarios. A nivel comunitario, la exposición al odio constante y mediático normalizó actitudes discriminatorias y, en muchos casos, escaló hacia violencia física contra grupos estigmatizados (Madriaza et al., 2025).

Una revisión exhaustiva publicada en Social Sciences analizó 79 estudios previos con el fin de entender los métodos y consecuencias políticas de los discursos de odio en redes sociales, identificando 3 preguntas clave: ¿qué factores lo propician?, ¿qué consecuencias tienen? y ¿qué medidas se pueden tomar para contrarrestarlo? (Kentmen-Cin, 2025). Los resultados mostraron que los discursos de odio no son espontáneos, sino que responden a las políticas ambiguas de las plataformas, marcos legales inconsistentes entre los países, discursos populistas y de la derecha radical, y problemas históricos entre grupos sociales. Entre estas consecuencias se encuentran la autocensura, la reducción de la participación y convivencia ciudadana, a su vez, esto perpetúa desigualdades sociales, desalienta a mujeres y minorías a expresar sus ideales o postularse a cargos públicos. Lo preocupante y desalentador es que esto erosiona la democracia misma al disminuir la diversidad de voces que habita en ella (Kentmen-Cin, 2025).

A nivel regional, la organización IM-Defensoras ha llegado a documentar más de 8800 agresiones digitales contra mujeres defensoras de derechos humanos en Mesoamérica, de las cuales el 89% se concentra netamente en redes sociales, y están cargadas de misoginia y discursos de odio (IM-Defensoras, 2024).

En Paraguay, esta realidad definitivamente no es ajena, TEDIC ha identificado casos de hostigamiento digital a mujeres y personas defensoras de derechos humanos, incluyendo también amenazas, acoso en las redes sociales y campañas de intimidación para generar miedo y autocensura (Garcia & Sequera, 2021). Esta situación se ha mantenido en el tiempo, dado que investigaciones más recientes de la organización confirman que el acoso en línea y el uso indebido de datos personales son amenazas cotidianas para las defensoras y defensores de derechos humanos en Paraguay (Cuevas et al., 2024). Hacer frente a esta problemática exige acciones del Estado, de las plataformas y la sociedad civil, así reconociendo que la violencia digital es un problema que afecta en el día a día.

Conclusión

La libertad de expresión es un derecho consagrado en el artículo 26 de la Constitución Nacional de Paraguay, y en diversos tratados internacionales de derechos humanos. Este derecho da la facultad a toda persona a expresarse sin que ninguna persona, ente o gobierno pueda impedírselo, pero encuentra su límite cuando interfiere, afecta o daña en la libertad o integridad de otra persona.

En Paraguay, si bien no existen cifras oficiales, el discurso de odio también es una realidad, iniciativas como La Doctora Odio1, en 2023 fueron uno de los esfuerzos de convertir a X en un espacio más habitable. Quienes más sufren de este tipo de comentarios son, al igual que en los demás países, las mujeres, personas LGBTIQ+, y personas defensoras de derechos humanos, restringiendo la disidencia de voces, la libertad de expresión, y la participación democrática.

La plataforma de X ha sostenido públicamente una política de “libertad de expresión, no libertad de alcance” (X Corp., 2023), pero según la evidencia en este artículo se sugiere que la estructura algorítmica prioriza intereses comerciales y políticos al debate, dando espacio a contenido que genera más reacción por sobre el que garantiza una participación equitativa. No es, en los hechos, un espacio para todas las voces, sino para las voces convenientes.

Frente a esto, no existen respuestas sencillas. Exigir que X modere mejor su contenido es justo y necesario, pero insuficiente, dado que la plataforma ya modera lo que considera conveniente para su modelo de negocio. Tampoco podemos depositar exclusivamente la responsabilidad en los Estados pero esto también tiene sus riesgos porque si quienes definen qué es discurso de odio son los propios gobiernos y sus respectivas agendas políticas, la regulación podría convertirse fácilmente en censura. Entonces, ¿qué queda? Quizá preguntarnos si X es el único espacio digital que podemos habitar, porque existen plataformas construidas sobre principios de código abierto y gobernanza descentralizada, como Mastodon, que representan alternativas más éticas y menos hostiles. Migrar a espacios menos hostiles no es una renuncia, sino un acto político.

El odio genera fisuras en el tejido social. Este artículo concluye que proteger y defender los derechos en el entorno digital no es tarea única de las plataformas y los Estados, sino también es una responsabilidad colectiva, y abandonarlos es equivalente a un silenciamiento de la democracia misma.