Por Karen Melina Vera
Redactar una noticia, crear una pieza o diseñar una publicidad solía ser un acto de fricción sensorial: el golpe de las teclas, el rasgueo del lápiz sobre el papel e incluso, el silencio de quien está buscando una idea que todavía no existe. Era un proceso con otros tiempos. Ese ritmo se transformó por una aceleración que hoy define los tiempos de la industria, el cursor parpadea frente a una inteligencia artificial que ofrece respuestas inmediatas y pulidas, cambiando el vacío de la hoja en blanco por la edición de una idea ya generada. Esta transición nos sitúa ante una doble tensión: una disputa simbólica por el lenguaje y la identidad, y una disputa material por las condiciones laborales de quienes trabajamos en esto.
Desde diversas teorías, la comunicación es comprendida como una producción social de sentido (Verón, 1993), lo que implica entenderla como un proceso que requiere de un cuerpo que siente, un territorio que habita y una historia a ser contada. Sin embargo, la irrupción de la inteligencia artificial propone hoy una ruptura semiótica: Vidales (2024) cuestiona si esta definición sigue siendo suficiente cuando las máquinas procesan información sin haber habitado nunca ese territorio ni poseer ese cuerpo.
Para empezar, es fundamental comprender la lógica de estas herramientas, la IA no «piensa» ni inventa significados desde la conciencia; estos sistemas reproducen resultados basándose en probabilidades estadísticas. El modelo predice cuál es la palabra más probable que le sigue a otra basándose en el inmenso volumen de datos que posee. Como señalan Smith et al. (2024), existe una ideología del lenguaje estándar generado por IA, este proceso posiciona a ciertas variantes lingüísticas (principalmente del inglés americano estándar, con el que fue entrenado) como las únicas apropiadas.
En Paraguay, esto se traduce en una homogeneización que por ejemplo ignora el jopara, los modismos locales y nuestras estructuras narrativas. Esta «hegemonía cultural» (IA España, 2024) busca lo frecuente, y lo frecuente en internet rara vez suele ser lo paraguayo, o si lo es, proviene de las voces de quienes dominan esta carga de datos en el país.
En entrevistas con periodistas y trabajadoras del sector de creatividad, Santiago Ortiz, secretario general del Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP), destaca que el funcionamiento del algoritmo aparte de estandarizar el lenguaje, replica las jerarquías de información ya existentes. Al alimentarse de lo que “tiene cargado», la IA tiende a devolver la mirada de los grandes grupos de medios de comunicación, que son quienes poseen la infraestructura para masificar sus contenidos. “Cuando alguien consulta sobre Paraguay, lo más probable es que el algoritmo le devuelva información con ese sesgo, la mirada de los grandes medios”, señala Ortiz.
Esta dinámica deja en una posición de menor relevancia al periodismo alternativo y local. En un contexto donde la sostenibilidad es crítica (agravada por la falta de políticas públicas y el impacto de normativas como la «ley anti-ONG»1), los medios independientes se enfrentan a una doble marginación: la económica y la algorítmica.
Investigaciones sobre modelos como GPT-4 identificaron marcadores léxicos repetitivos que delatan el origen artificial de los textos generados con IA. El ejemplo más claro y conocido es el formato de contraste: «No es solo X, es Y» (ej. «Esto no es solo un artículo, es una revolución de las ideas»). Este giro retórico, técnicamente denominado «epanortosis enfática», funciona como un «comodín» estadístico que la IA usa para generar énfasis sin necesitar contexto real de lo que está hablando (Lubrano, 2025).
Si el algoritmo decide que la forma «correcta» de redactar un copy es ignorando el voseo o las construcciones gramaticales del castellano paraguayo, termina volviendo esas variantes más difíciles de defender en el mercado profesional o incluso en el habla cotidiana.
Adriana Mongelós, consultora creativa independiente, aporta una reflexión que va más allá de la cuestión del lenguaje: la pérdida del proceso cognitivo. Para Mongelós, enfrentarse a la hoja en blanco era la forma en que se gestaban las ideas. «Tuvimos un cambio radical porque dejamos de enfrentarnos a esa hoja en blanco, que era ese ejercicio mental de que te vengan las cosas a la cabeza para plasmar después», explica.
Al delegar este inicio a la máquina, el profesional deja de ser un creador para convertirse en un editor de «formatos» preexistentes. El riesgo es que la «idea madre», que podría nacer de una experiencia personal o de algo que el redactor vio en la calle, termine siendo reemplazada por una idea genérica.
Sobre este punto, Lulu Cuevas, estratega creativa y vicepresidenta de la Federación de Industrias Creativas del Paraguay (FIC), advierte que esta «unificación de lo que ya estaba unificado» no solo diluye la voz de las marcas, sino que redefine el propósito del profesional. Cuevas señala que el rol creativo está sufriendo una metamorfosis, si antes por ejemplo la tarea principal era entender a un cliente y proyectar una comunicación específica, hoy esa labor operativa la puede realizar la IA. “Antes yo sentía que tenía un rol específico dentro de la creación, ahora mi rol me exige mucho más. El desafío es crear algo que se sienta lo menos genérico posible para no sentir que puedo ser reemplazada; es como una amenaza que está ahí detrás”, reflexiona.
Esta sensación de amenaza que menciona Cuevas marca el punto de inflexión donde la disputa simbólica por el lenguaje se convierte también en una disputa material por el trabajo.
Desde agencias de publicidad hasta la labor periodística, cada vez más tareas vinculadas a la escritura, el diseño y la planificación comunicacional se apoyan en sistemas generativos, y esta transformación también está modificando las condiciones en las que trabajan quienes las producen.
La presión por producir más contenido en menos tiempo, especialmente en entornos digitales, que abarca desde artículos para portales web hasta publicaciones para redes sociales, hace que la inteligencia artificial ya no sea solo una opción de apoyo, sino cada vez más una exigencia implícita en el rubro. Si antes el valor estaba asociado a la capacidad de crear, pensar y desarrollar una voz propia, hoy muchas veces se mide solo en términos de producción: cuántas piezas se pueden entregar, en cuánto tiempo y con qué nivel de adaptación a las tendencias algorítmicas.
Es necesario destacar que la IA no está inventando la precarización, sino que se acopla a las estructuras de explotación ya existentes. Para Santiago Ortiz, el potencial de la tecnología para elevar la calidad del oficio queda relegado frente a una realidad más cruda: su uso para redefinir cuánto se le puede exigir a un trabajador en contextos ya vulnerables. Ortiz observa que, mientras las grandes redacciones están reduciendo la inversión en editores y están automatizando los procesos, la carga sobre los trabajadores restante no disminuye, sino que se transforma en una presión por producir más en el mismo tiempo. Según explica, el riesgo es que la supuesta “ayuda” de la máquina se convierta en una justificación para multiplicar los ritmos de entrega, desplazando el enfoque del rigor periodístico hacia la mera eficiencia operativa.
Sin embargo, esta presión por la productividad también nace de una reconfiguración global de la industria. Lulu Cuevas señala que, si bien la implementación técnica de la IA en el mercado local aún es mucho menor en comparación a su utilización a nivel global, la conversación en los grandes grupos que dominan la publicidad mundial ya tiene un norte claro: la eficiencia operativa.
La eficiencia se vuelve una métrica para abaratar costos y maximizar la producción en masa. Según Cuevas, el primer impacto real de esta lógica es la eliminación de los roles de entry level o perfiles junior. Al automatizar las tareas operativas que generalmente realizan estos perfiles, surge una nueva interrogante: ¿cuál va a ser el espacio para quienes recién empiezan? Esta automatización rompe la escalera de aprendizaje del oficio y ese proceso de acumulación de experiencia. El desafío para las nuevas generaciones (y para la supervivencia del sector) se desplaza entonces hacia la capacidad de desarrollar un punto de vista propio, lo único que la herramienta, por más veloz que sea, aún no puede replicar.
Todo lo anterior convive con otro fenómeno de fondo: el traspaso de la autoridad profesional hacia la herramienta. Adriana Mongelós advierte que los clientes a veces otorgan más peso a una respuesta de ChatGPT que a la recomendación del profesional que contrataron. Existe una tendencia a creer que el resultado de la IA es «infalible» por ser tecnológico, lo que erosiona la confianza en el conocimiento empírico o la formación de las personas trabajadoras.
Esta dinámica plantea una paradoja entre la democratización de la información y la desvalorización del oficio. Si bien estas herramientas permiten que más personas accedan a capacidades de redacción o diseño, también trazan una línea muy delgada hacia la desvalorización del trabajo especializado. Al presentar el proceso creativo como algo que cualquiera puede ejecutar con un prompt, se corre el riesgo de invisibilizar la formación, la ética y la sensibilidad que quienes ejercen el periodismo, el diseño o, sencillamente, lo que la propia condición humana puede aportar al relato.
En Paraguay, como en gran parte de la región, el uso de estas herramientas se está incorporando sin demasiada discusión pública ni marcos legales claros. Si históricamente el Estado falló en regular cuestiones básicas, como el cumplimiento de los derechos laborales o la protección y privacidad de nuestros datos personales, la llegada de la IA encuentra un vacío legal absoluto que las empresas aprovechan para maximizar márgenes de ganancia.
Mientras el Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP) sostiene una lucha por la aprobación de la Ley de Protección a Periodistas y Personas Defensoras de Derechos Humanos (un proyecto que desde 2023 busca garantizar condiciones mínimas de seguridad en un contexto de creciente violencia y amedrentamiento), el Estado paraguayo continúa con su deuda histórica en materia de protección laboral y seguridad. Si la integridad física de quienes informan todavía no es una prioridad en la agenda legislativa, la posibilidad de discutir marcos regulatorios que atiendan el impacto de la IA en el empleo o la propiedad intelectual, parece una realidad lejana, incluso frente a los debates y propuestas generales sobre tecnología que tímidamente empiezan a asomarse en la agenda pública.
Esta orfandad jurídica también se extiende con fuerza al sector creativo, que hoy enfrenta un vacío total en materia de propiedad intelectual. Como señala Lulu Cuevas, la conversación sobre la protección ante la IA tropieza con limitaciones estructurales de larga data: “En Paraguay, nada que no sea tangible se puede registrar. Hablar de protección o regulación ante la IA cuando ni siquiera tenemos definida la propiedad de una idea es una conversación sumamente complicada”.
En paralelo a este vacío, el sector enfrenta una dinámica diaria donde se exige el uso de IA sin considerar el tiempo real de «curaduría» ni el dilema ético de las imágenes generadas, que a menudo se entrenan con el trabajo de artistas sin retribución. En Paraguay, la tecnología no espera a la ley, y la ley no parece estar muy apurada por alcanzarle a la tecnología.
A partir de lo observado y de los testimonios recogidos en el sector, se puede concluir que la inteligencia artificial no es, en esencia, una fuerza que viene a destruir el oficio creativo o periodístico en Paraguay, es más bien, un espejo que refleja el funcionamiento del modelo económico que habitamos y la fragilidad de nuestras estructuras actuales. La verdadera encrucijada no reside en la herramienta, sino en la decisión política y empresarial de cómo utilizarla. Si la adoptamos únicamente como una palanca para la producción de contenido en masa, terminaremos por habitar un desierto de mensajes genéricos, donde nuestra identidad y nuestra memoria se pierdan en ese estándar estadístico global o peor aún, estadounidense.
Por todo esto, el desafío que plantean las voces de este sector es recuperar el valor del «punto de vista». Frente a la evolución del algoritmo, la resistencia pasa por fortalecer la mirada humana, el rigor del criterio y la defensa de lo propio. En un país que aún pelea por garantías básicas para quienes informan y crean, la IA nos obliga a entrar en una discusión urgente sobre la soberanía de nuestro relato, porque la tecnología puede darnos el formato, pero no puede darnos el sentido; y disputar esa soberanía va a implicar luchar por un futuro laboral donde “el avance tecnológico” no sea una coartada para la precarización, sino un soporte para nuestra capacidad de seguir siendo personas contando historias situadas, con territorio, cuerpo y alma.
1 Ley N° 7363/24«Que establece el control, la transparencia y la rendición de cuentas de las organizaciones sin fines de lucro», conocida públicamente como «ley anti-ONG» por sus implicancias restrictivas para la sociedad civil y los medios independientes.
La integración de la inteligencia artificial en los medios y agencias de Paraguay abre una conversación necesaria sobre el futuro de nuestra comunicación. Mientras la industria se acelera hacia una producción masiva de contenidos que tiende a igualar los relatos, las personas que habitan el rubro enfrentan el desafío de sostener la originalidad de sus ideas mientras disputan sus condiciones laborales.
Referencias bibliográficas
- Verón, E. (1993). La semiosis social: Fragmentos de una teoría de la discursividad. Editorial Gedisa. (Trabajo original publicado en 1987). https://comycult.wordpress.com/wp-content/uploads/2020/03/veron-1988_la-semiosis-social-caps-2-3-4-5-6.pdf
- OpenAI. (2026). How ChatGPT and our foundation models are developed. OpenAI Help Center. Recuperado el 26 de mayo de 2026, de https://help.openai.com/en/articles/7842364-how-chatgpt-and-our-foundation-models-are-developed
- Lubrano, F. (2025). Más allá de las alucinaciones: Epanortosis enfática sobre LLM. Zenodo. https://zenodo.org/records/16947334
- Vidales, C. (2024). Pensando y teorizando la comunicación en el contexto de la IA: un punto de vista histórico, epistemológico y cibersemiótico. Comunicación y Sociedad. https://www.scielo.org.mx/pdf/comso/v22/0188-252X-comso-22-e8836.pdf
- Derechos Digitales. (2024). Por un trabajo digno en la era de los algoritmos. https://www.derechosdigitales.org/recursos/por-un-trabajo-digno-en-la-era-de-los-algoritmos/ .
- IA España. (2024). La inteligencia artificial está homogenizando nuestras ideas. https://www.ia-espana.es/la-inteligencia-artificial-esta-homogenizando-nuestras-ideas/ .
- Smith, G., Fleisig, E., Bossi, M., Rustagi, I., & Yin, X. (2024). Standard language ideology in AI-generated language. https://arxiv.org/abs/2406.08726.
